domingo, 25 de septiembre de 2011

Mi vida en verso

Os voy a hablar de un chaval con pocas preocupaciones,
al que por ser bueno le joden por todos los rincones y
que ha decidido cambiar evitando así que le toquen más los cojones.
Un veinte de junio nació casi por obligación,
no quería salir y enfrentarse al mundo que le esperaba,
no quería ver el sol que tiempo después las penas le quitaba.
Viviendo en varios lugares
como nómada conoció mucha gente
con la que vivió experiencias
que le hacían aprender constantemente.
Empezó su andadura por un barrio marginal de Madrid
por el cual sigue yendo para recordar su época infantil.
El primer mazazo lo tuvo con tres meses
no tenía conciencia está claro,
era imposible recordar esa pérdida familiar
y seguimos de treses….
Con tres años le tocó cambiar de residencia familiar,
esta vez con más suerte
el destino lo llevó a vivir en Tenerife,
isla maravilla allá donde las haya
con preciosas playas y montañas
que le llevó a vivir la etapa más dulce y divertida
de su todavía corta vida.
Todo era perfecto como las olas del mar,
nada le hacía pensar
que eso algún día tendría que acabar.
Muchos amigos, demasiadas experiencias,
más recuerdos para su infancia,
poco a poco este chaval marcaba la diferencia.
Aún recuerda esa despedida,
amigos llorando su mente afligida,
ese paso decisivo para otro cambio en su vida.
Volvió a Madrid para estar cerca de su familia,
pero no sabía que se acercaba otra tragedia.
Llegó a la sierra, esta vez alejado del centro,
un enclave perfecto,
montañas, un embalse, un castillo
pero poco afecto.
Después de su primera comunión la desgracia sucedió,
y esta vez consciente de todo lloró y maldijo,
dudó de que existiera aquel Dios
al que acababa de conceder su fe y su razón.
Fue la primera vez que quedaba roto su corazón
y prometió, una y otra vez
que jamás volvería a creer
en ese Dios que a su tío se llevó.
Sus pasos seguía teóricamente,
español y del Real Madrid hasta la muerte,
sin duda tenía razón aquel que dijo
que no tentara a la suerte.
En ese piso que compraron sus padres,
sí en ese maldito pueblo: Manzanares
hizo buenos amigos con los que pasó avatares
“La panda del moco” ¡¡qué momentos tan inolvidables!!
Pero que poco le duran a este chico las casas
porque se cambia otra vez,
eso sí en el mismo pueblo a distancia escasa
y en un gran chalet.
Las clases le iban siempre bien
hasta que otro tipo de vida dio con él.
La música era lo único que le llenaba,
con ella hasta los huesos le temblaban.
Empezó escuchando rumba
pero el heavy y el rock lo sacaron de su tumba.
En su último año en la E.S.O.
perfeccionó su baloncesto,
único deporte válido después de otros intentos.
Conoció a un chaval normal el cual
tenía un año más que él de edad.
Empezaron a irse juntos, se hicieron buenos amigos,
el chaval, tocayo suyo daba la casualidad
le enganchó al rap,
cosa que no paraba de escuchar.
Eran inseparables,
conocían mucha gente porque eran muy amables,
se engancharon a un grupo de personas,
era enorme y fascinante,
pero se quebró por culpa de maleantes.
Nuestro protagonista en esos momentos
repetía curso por imbécil, vago y poco atento.
Más tarde la cosa cambiaba, él maduraba,
su vida no es como esperaba.
Hacía un tiempo se cansó de Madrid,
un verano exactamente,
el cual se fue a Cuenca con sus abuelos
y donde conoció mucha gente, amigos excelentes
que permanecerán en su mente eternamente.
Creía que podía liberar al hombre de sus ataduras,
de los engaños de las falsas creencias,
de las apariencias que lo manipulan.
En su año decisivo como repetidor
aprendió que cada cosa tiene su valor,
hasta el alma de una persona
se vende como una simple pelota.
Amigos? Puede que el chaval tenga pocos la verdad,
pero ¿qué más da?
si pocos pueden valorar la suerte que tienen en realidad.
Amor? Por una chica estaba pillado,
¿loco? no, eso es demasiado,
el caso es que sin saberlo
por el subconsciente estaba siendo traicionado.
Hizo bien en olvidarse,
en dejarlo de lado,
era lo mejor, sin embargo
difícil hacerlo del todo.
Todo marchaba según lo esperado,
todo estaba encarrilado,
un buen amigo, colegas que ya quisiera mucha gente,
pero esto es lo que hay, nada dura eternamente.
A la espera de la mayoría,
errores en demasía hicieron
que el chaval abriera los ojos, ya se sabe,
se pilla antes a un mentiroso que a un cojo,
aprovechando menciono a su amigo el pirata,
al que le falta una pata
y que sin él ni oro ni plata,
¡¡vamos que es un gran amigo,
que me enrollo con lo que digo!!
Me dijo que sus amigos le ayudaron,
que ahí estuvieron y
que todos el mismo consejo le dieron:
“Amigo las apariencias engañan,
pero te las estás viendo con arañas
y esas más que ayudar te engañan”.
Hizo caso, abrió los ojos y cambió sus expectativas
autodestructivas que tenía de la vida.
Buscó casos particulares similares
en los cuales encontró salidas racionales
y entonces un cambio en su vida experimentó.
Dijo que tomaría las riendas de su vida
y que no dejaría que le jodiesen
cosas insignificantes
y que tiraría para adelante
sin mirar atrás y sintiéndose siempre importante,
que aunque parezca una tontería
es lo elemental para sobrevivir al día a día.
Se separó de su amigo
por su bien y el de los demás testigos.
Sin lugar a dudas fue una decisión acertada,
sin olvidar también que fue forzada
por acciones sin fundamento
que removieron el interior de este elemento,
este chaval que vuelve a tener
muy claro su papel.
La vida cambia continuamente,
es como un río, el agua nunca es la misma
pero el cauce es siempre idéntico,
personificando esto el cauce eres tú chico,
así que conduce el agua, que es tu vida.

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