domingo, 15 de enero de 2012
Música como modo de vida
A veces un momento de abstracción puede dar mucho de sí. Una tarde en la que no tenía nada que hacer me tumbé en mi cama, me puse los cascos y encendí el reproductor de música. Me gusta escuchar música con los ojos cerrados e imaginarme historias o momentos especiales que me gustaría vivir. Entro en un estado aislado. La música me hace volar y disfrutar. Por eso me encanta. A cada paso que doy pongo música, a cada lugar que me muevo me acompaña su ritmo, siempre llevo una banda sonora conmigo. Ella es la única que comparte mis momentos más emotivos. Mi alma se aparta de mi cuerpo y entro en una especie de sueño en el que juego con ventaja. Las emociones brotan a lo bestia y las sensaciones están a flor de piel. L a melodía se adueña de mí metiéndose en mi cabeza. También florecen recuerdos de los momentos más importantes en los que escuchaba determinadas canciones. Quizá esto es lo que necesita mucha gente para evadirse de tantos ruidos, tantas bocas, tantas preocupaciones. Ponte los cascos, dale al play y disfruta.
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