El tiempo y la casualidad me han despertado una curiosidad. Pasaba yo por el patio de un colegio y escuché a un niño decirle a una niña: ¿jugamos al amor? De repente me quedé parado y dejé todo pensamiento de lado. Me vinieron a la cabeza la cantidad de locuras y errores que se cometen en el juego del amor. Ese niño probablemente no supiera de qué hablaba pero a mi me creó un debate. ¿Es el amor un juego? En el amor cada uno juega sus cartas. Es fácil ir de farol y hacerle creer a otra persona que la quieres. Lo difícil es quererla y que no piense que vas de farol. Hay muchos tramposos que juegan con loa corazones a su antojo y siempre van de farol. Éstos hábiles jugadores suelen ganar mintiendo pero siempre llega el momento en el que pierden. Llega otro jugador que le da a probar su propia medicina. Pierde la partida porque deja de jugar y comienza a sentir. Pone las cartas sobre la mesa, se rinde. Gana el otro jugador, le ha enamorado. Lo malo es que el otro jugador también puede ir de farol. Ahí es cuando empieza el juego sucio de verdad. El mentiroso es mentido y viceversa. Game over. El mentiroso ya no quiere jugar más. La pena es que el que no suele mentir también pierde pero en vez de retirarse suele cambiar el juego. Si le rompen el corazón juega a encontrar al contrincante perfecto. El contrincante perfecto en el juego es aquel que hace que saquemos lo mejor de nosotros, que nos guste jugar. Es ese contrincante que juega limpio, no nos miente, nos enseña a ser mejores. Nos engancha. En el amor el contrincante es la persona a la que amamos. A veces el contrincante que queremos está jugando con otra persona o simplemente no quiere jugar con nosotros. El objetivo es encontrar al oponente perfecto y jugar el resto de nuestra vida con él hasta que se desgasten las cartas. Sin importar el tiempo ni lo que nos rodea. Si el amor es un juego, seamos ludópatas.
jueves, 30 de octubre de 2014
viernes, 17 de octubre de 2014
Filofobia, algo reparable
Estoy harto de oir a la gente decir que el amor es una mierda, que enamorarse es de tontos o que no merece la pena luchar por ello. A toda esa gente quiero decirles algo. El amor no se busca, aparece. El amor no se elige, te elige él a ti. Si habéis sufrido por amor es porque habéis amado con todas vuestras fuerzas a alguien que no se merecía vuestro corazón. Pero eso no significa que alguien que sí se lo merezca no pueda entrar en él porque otro lo haya roto. A veces por negarse de esa manera a que alguien nuevo entre en nuestra vida es lo que hace que a lo mejor el amor de nuestra vida pase por delante de nuestros ojos sin darnos cuenta y desperdiciemos nuestra oportunidad. No hay que tener miedo a amar porque puede ser muy doloroso pero también puede ser maravilloso. La vida tiene muchas pruebas para nosotros pero no tenemos que venirnos abajo y tenemos que seguir luchando por aqurello que queremos. Ese alguien os está esperando e incluso puede estar delante de vuestras narices. Yo he luchado mucho y he esperado mucho a alguien que me quisiera de verdad. Ha valido la pena y todo lo que me pase a partir de ahora me da igual porque lo que estoy viviendo es maravilloso y eso no me lo quita nadie. Disfrutad de lo que venga y no seáis tontos, el amor le da color a la vida ;)
lunes, 13 de enero de 2014
Boni amici: Capítulo 7
Con los ojos entreabiertos y ojeroso, saltó de la cama e intento enfocar la vista en el móvil para ver quién le llamaba a esas horas de la madrugada. Las pulsaciones se le aceleraron de repente. Le estaba llamando el padre de Adara. Descolgó rápidamente y contestó:
-Sí?
- Ditch tengo buenas noticias!!-exclamó su suegro.
-Dime…-respondió Ditchter al borde de un infarto.
-Es Adara!! Ha despertado!!
-Voy para allá!!-gritó Ditchter.
Colgó el teléfono y se quedó sentado en el borde de la cama sin terminar de creérselo. No estaba preparado para ese momento. Después de tanto tiempo por fin podría volver a hablar con ella, contarle todo eso que se había perdido… Con el corazón a punto de salirse de su pecho comenzó a vestirse a toda prisa. Mandó un mensaje a todos sus amigos anunciándoles la noticia, cogió la llave del coche y salió corriendo hacia el hospital.
El hospital le parecía enorme. Había estado muchas veces visitando a Adara pero esta vez todo le parecía distinto. Los pasillos se hacían más largos y las paredes más estrechas. Todo el que se cruzaba en su camino parecía retrasarle horas, no quería perder ni un solo minuto para verla cuanto antes. Resonaban en su cabeza las palabras de la recepcionista “Habitación 1111”. Esquivando gente a toda velocidad y con la mente pensando en el reencuentro llegó a la habitación. Estaban sus padres en la puerta esperando a que el médico saliera y les dejara entrar:
-He venido lo más rápido que he podido ¿cómo está?-dijo Ditchter casi jadeando.
-Menos mal Ditch, tú eres muy importante para ella y queríamos que estuvieses con nosotros-dijo su madre con lágrimas de felicidad brotando de sus ojos cansados.
-Han dicho que conserva todas sus facultades y no ha tenido pérdida de memoria, están haciéndole el último chequeo-dijo el padre aparentemente feliz.
El tiempo transcurrido desde que llegó hasta que salió el médico (que apenas fueron diez minutos) pasó lentísimo para todos. Ditchter estaba en otro mundo, con la mirada perdida y su mente dentro de esa habitación. Su madre se mordía las uñas y su padre la abrazaba para calmarla.
Cuando la puerta se abrió todos se pusieron en pie a la vez. El médico salió sonriendo y se acerco a ellos y les dijo: “Todo está bien señores, pueden pasar a verla, disfruten el tiempo perdido”. Ditchter les dijo a sus padres que entraran primero y le avisaran después. Después de quince minutos muy largos salió el padre de la habitación y le dijo que pasara. Ditch se levantó temblando y con el corazón a mil revoluciones entró a aquel sitio en el que tantas veces había estado velando por ella y en el que esta vez iba a ser totalmente distinto. Su madre corrió una cortina y allí estaba ella, tan guapa y perfecta como siempre y con los ojos color miel mirando fijamente a Ditchter…