jueves, 2 de junio de 2016

Vencedor o vencido. El doble filo del destino

Un poco más, sólo tienes que aguantar un poco más. Tienes que ser fuerte, no tener miedo. No puedes dejar que te invadan las sombras de la inseguridad o detengan tus ganas de seguir adelante. No dejes que te manipule el miedo a que se repita el pasado. Nada es igual. Vuelves a sentirte estúpido, vuelves a tener las mismas sensaciones que en otros principios. Miedo a salir dañado, a quedar como un idiota. Miedo a que otros labios repitan las mismas palabras. Miedo a creer en fantasmas. Que el remedio sea peor que la enfermedad, que nunca preferiste la soledad. Que cada trozo de ti que tuviste que reparar y quedó muy frágil, vuelva a romperse con tan sólo un roce. Contando besos y caricias, contando los segundos para el milagro o el desastre. Una lucha de titanes en tu interior, mariposas contra viejos demonios. Porque te pillaron con la guardia baja, sin saber dónde ibas ni de dónde venías. Una chispa de esperanza, de alegría. Una sonrisa tonta que te brota todos los días, aun sabiendo que se puede borrar de la noche a la mañana. Esa pequeña ilusión que permanece encerrada en el miedo, la cuál está deseando salir y luchar por lo que quiere venciendo cualquier obstáculo. Eso que siempre quisiste y viene a romper tu tranquilidad, a removerte el mundo, a hacerte feliz aunque sea cuestión de segundos. Ese juego que te gusta a la vez que te asusta. Esa llama que no quieres que se apague aunque sepas que viene un diluvio. Querer protegerla de huracanes y tsunamis. Eso que te mantiene vivo pero que te mata por dentro. Como el oasis en pleno desierto, con el miedo de que sea un espejismo. Así es, vives con la sensación de que tus sentimientos se contradicen y tu cordura y tu corazón están en peligro constante. Subidas y bajadas, bajadas y subidas. Sabes que te quedarías siempre en ese momento, pero ese momento puede irse para siempre. ¿Y qué puedes hacer? Pues nada, seguir viviendo y esperar a que la vida te dé lo que un día te quitó, aunque sea por unos segundos al contemplar una sonrisa fugaz, o quién sabe, puede que eterna.

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