viernes, 5 de abril de 2019

Inercia temporal

Dicen que el tiempo pasa y no perdona a nadie. Los días, las semanas, los meses, los años... vuelan en el calendario y no se detienen, aunque muchas veces uno quiera parar el frenesí que le rodea. Esos instantes en los que uno se detiene y piensa. Piensa en cómo demonios ha llegado donde está, en cuánta gente ha conocido y cuantos ha dejado atrás en el camino. Un camino que recorre con la inercia de la vida, el empuje del dónde y el cuando, la compañía de todos a ratos y de nadie a cada segundo.  

En el demoledor paso de este tiempo, juez y verdugo de todos, llega la rutina creando un mundo paralelo. Nos inyectamos rutina en vena y pasamos las semanas drogados en ese mundo, tan real como dañino. Poco a poco esta droga en forma de bucle atrapa y se va perdiendo la verdadera identidad del individuo. El tiempo va moldeando a cada uno según la rutina que elija o le toque vivir. A los segundos no les queda otra que convivir con ello, pero a los que elijan les invito a romper ese bucle frecuentemente. También a conservar lo que de verdad les importe y no dejen que caiga en ese ciclo repetitivo. Esos amigos que, por culpa del tiempo, del lugar y de los devenires de la vida de cada uno se han distanciado. Mandad un mensaje o haced una llamada a ese amigo, familiar, compañero de trabajo o, por qué no, algún amor platónico y volved a unir lazos. El arrepentimiento no forma parte del plan. El tiempo no tiene frenos, si nosotros nos paramos él sigue.

También dicen que con el paso del tiempo el círculo social de uno se reduce mucho, pero al fin y al cabo la vida son momentos que los puedes vivir con personas increíbles o verdaderos idiotas. La sabiduría del tiempo no tiene límites. Si son las personas correctas disfrutas, si son las equivocadas aprendes. No por esto vamos a dejar de romper la rutina para conocer gente o retomar relaciones estancadas por motivos ajenos. Hay que ser valiente, manejar el tiempo con buen timón y no dejar que lo dirijan los vientos de la monotonía mientras podamos, porque inevitablemente llegarán las arrugas, las canas, el bastón... No basta con vivir en el tiempo, hay que vivir cada momento. 

martes, 13 de septiembre de 2016

Introspección en el caos

Dicen que la vida es un puñado de momentos que nos hacen únicos y especiales. Momentos malos y buenos, de tristeza y felicidad. En realidad es en momentos límite cuando uno mismo descubre quién es y de qué es capaz. Al caer en lo más profundo o al volar lo más alto posible. La vida nos pone a prueba con catástrofes interiores. Ese tornado que hace que las mariposas vuelen lejos del estómago y nos hace ver el mundo de otra manera, nos mantiene en un estado de embriaguez descontrolada y potencialmente peligrosa cuando desaparecen. Ese terremoto que remueve los cimientos de nuestra conciencia cuando tenemos el poder de tomar una decisión importante. Esa tormenta que se desata cuando un amigo nos traiciona o nos decepciona. 

Imaginaos que todas las “catástrofes interiores” se unen en el mismo cuerpo. Un caos total invade nuestra mente y nuestros sentimientos. No captamos nada con claridad, todo es muy vago y difuso. Una confusión general se apodera de nosotros haciendo que podamos incluso hacernos daño a nosotros mismos entrando en un bucle de cerrazón. Nuestros pensamientos atacan masivamente a nuestro ser y lo consumen. Aparecen la rabia, la ira, el miedo y con eso un descenso vertiginoso. Un declive que nos lleva a dos posibilidades. Una es tocar fondo y quedarse estancado volviendo a caer en lo mismo una y otra vez y la otra es hacer introspección. Solo se puede huir de la oscuridad arrojando un poco de luz y eso es mirando dentro de nosotros mismos intentando salir de las tormentas y demás que se interpongan en nuestro camino. En muchos casos es muy complicado y algo nos vence. Tirar la toalla es lo más fácil. Estar noqueado y confuso por culpa de tantos golpes que, muchas veces, nos damos nosotros mismos. La ira y la rabia causada por no poder aclarar nuestras ideas nos puede llevar a cometer más errores, a no pensar en las consecuencias de nuestros actos porque ese bloqueo mental y sentimental nos nubla la razón y crea la sensación de que todo carece de importancia. El típico mandar todo a la mierda. Un golpe en la mesa con lágrimas en los ojos, un nudo en el estómago y un lío en la cabeza. Salir corriendo lejos de todo eso dando un portazo. Pero todo eso va dentro de nosotros y podemos huir de ello, solo afrontarlo mirando dentro de nosotros mismos y tomándonos dos tazas de optimismo para contrarrestar el aura de oscuridad y pesimismo que nos envuelve en esa situación.

Salir a la calle y sonreír con la satisfacción de haber luchado contra esas “catástrofes internas” que sorprendentemente ahora no son tan importantes. Una vez que has luchado y has ganado, el enemigo no parece tan fuerte. Ese enemigo que somos nosotros mismos en nuestra peor versión, una versión oscura que no nos identifica. Es cierto que hay momentos en los que la vida duele, pero reside dentro de nosotros el poder de calmar ese dolor o aumentarlo, somos la cura o la enfermedad. 

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Todos para uno y uno para todos

El tiempo pasa rápido y golpea fuerte. Ayer éramos críos que su única preocupación era qué golosinas elegir o qué colección de cromos empezar. Aquellos partidillos de fútbol en el patio, aquellos cumpleaños a los que invitabas a toda tu clase, aquellas largas noches esperando al ratoncito Pérez o a los Reyes Magos… Año tras año, aventura tras aventura, anécdotas que nos acompañan toda nuestra vida y que siempre nos van a sacar una sonrisa, esas que nos harán volver a esos momentos despertando la melancolía en nosotros. Esa pequeña cicatriz en la rodilla, el codo o la cabeza por caídas de la bici o jugando al pilla pilla que nos hace recordar momentos en los que incluso lloramos como algo positivo y bonito. Nos acordamos de todo y de todos. Todas esas personas que estaban allí mientras nosotros crecíamos y aprendíamos las cosas sencillas de la vida. Muchos de los que estaban en esos tiempos hoy no sabemos dónde están o qué ha sido de ellos pero muchos otros nos siguen acompañando en nuestro camino, a pesar de las adversidades que aparezcan. Los amigos que durarán toda la vida, esos que nos vieron aprender a montar en bici, estaban ahí cuando nos hicimos nuestra primera brecha o cuando necesitabas contarle a alguien tu primer beso. Amigos con los que has vivido mil experiencias y estáis tan unidos que no hace falta hablar para que os entendáis. Esos momentos de mágica complicidad en los que miras a tu amigo y sabes en lo que está pensando o en los que decís lo mismo al mismo tiempo. Esas tantas fiestas de vuestro pueblo que os habéis pegado y de las que tendréis anécdotas para toda la vida (y esas son de las buenas, los veranos dan para mucho). La primera borrachera o el primer cigarrillo, el primer amor (y el primer desamor, que suele ir acompañado de una charla de horas y horas con tus amigos), el paso del colegio al instituto y del instituto a la universidad… Amigos que nos han visto crecer desde que llevábamos chupete y nos verán con bastón o taca taca, esos son los que valen de verdad. Por muchas veces que os peleéis y que la vida se empeñe en poner obstáculos nunca se perderá una amistad bien forjada. Dicen que los amigos son la familia que elegimos y eso no es del todo cierto. A veces el destino nos pone en el camino al idiota que te hace reír cuando estás triste, que habla con la chica que te gusta o que te ayuda en lo que sea sin pedir nada a cambio. Y esto no lo buscamos nosotros, simplemente el destino es muy juguetón y une a personas muy distintas que terminan haciéndose inseparables y aunque terminen cada uno en una punta del planeta siempre terminarán volviendo los unos a los otros. Porque la amistad es como un imán de una potencia magnética inimaginable: siempre acabas al lado de tus amigos, sois inseparables. Y aquellos amigos que no cumplan esto no son amigos, son conocidillos que al final quedarán en el olvido. Los buenos amigos dejan huella en el corazón. Esos amigos que te dan consejos porque quieren lo mejor para ti y no conocidos interesados que tienen doble cara. Aquellos que partirían caras, que ponen la mano en el fuego por nosotros, por los que daríamos la vida. Como decían los mosqueteros "Todos para uno y uno para todos" . A mí me gusta ver la vida como un viaje en coche de aquí para allá en el que me acompañan mis amigos y siempre suenan nuestras canciones preferidas, un viaje sin fin, un bucle de felicidad plena. Y es que no son amigos, son una parte más de nosotros mismos. Sin ellos no podemos ser nuestro “Yo” más auténtico… ¡Somos una piña a la que no hay que tocarle los piñones!

jueves, 11 de agosto de 2016

Alborada entre pensamientos


La sombra de una figura corpulenta se proyectaba en la pared de aquel cuarto en penumbra. El rostro del individuo se descubrió ante la luz tenue de una lámpara colocada a la izquierda del único sillón que se encontraba en la habitación. Estaba rodeado de estanterias llenas de libros. Era un hombre joven pero con gesto serio y pensativo. Se acercó a un viejo tocadiscos y lo puso en marcha. Mientras escuchaba una vieja canción de Frank Sinatra se sacó una caja con tabaco y empezó a liarse un cigarrillo. Parecía atormentado. Se encendió el cigarro y empezó a darle caladas suaves. Días atrás tuvo problemas,no sabía como arreglarlo. Se sentía solo y falto de cariño. Era una noche oscura en la que la Luna no iluminaba. Salió al balcón y contempló durante unos minutos la calle vacía, teñida de una luz anaranjada por las farolas. Mientras su cigarro se consumía los minutos pasaban y sus ideas florecían. Se sacó otro y se lo encendió. No podía seguir de esa manera. Entró otra vez al cuarto y se acerco a un pequeño minibar que tenía en una esquina. Saco una botella de vodka , otra de licor de café y otra de leche. Se preparó su cocktail y vaso en en la siniestra y cigarro en la diestra volvió a la terraza. Se sentó en la barandilla y empezó a contemplar el amanecer mientras hacía aros de humo y disfrutaba de su Ruso blanco. Empezó a recordar todos los buenos momentos que había pasado con sus amigos y comprendió que no merecía la pena disputa alguna. Lo mismo pensó de aquella chica con la que siempre estaba discutiendo. De repente como una señal del cielo cantó un gallo. Mirando al horizonte mientras salía el Sol y con el último trago y la última calada se dirigió al interior de la casa. Bajó las escaleras rápidamente y se dirigió a una pequeña mesa en la entrada. Ahí estaba el teléfono y sin pensarlo le empujó el destino y comenzó a llamar a esas personas. Pensó que era mejor no perder lo que quería por cualquier tontería.

miércoles, 3 de agosto de 2016

La suerte del canalla

Hay días que me gustaría ser el mayor de los canallas.Un cabrón con pintas. Un pirata despreocupado que disfrute haciendo fechorías o un bandido del salvaje oeste americano. Me gustaría devolver todos los palos que me han dado pero duplicados. Me considero muy cabrón y pienso cosas que nadie imagina pero no consigo ser ese canalla. Aunque guarde el mayor de los rencores y desee el mayor de los males. A veces pienso que tengo el corazón tan roto que me han roto el alma y no puedo ser feliz. No soporto ver a gente que no se merece absolutamente nada bueno ser más felices que yo, que les pase todo lo bueno. A lo mejor me merezco cosas horribles por no desearle el bien a todo el mundo pero yo tengo un concepto de justicia que no encaja con el típico "nadie se merece que le pase algo malo". Si alguien es un cabrón o hace cosas despreciables debe pagar por ello. Destino, karma, Dios... lo podéis llamar como queráis pero muchas veces se porta mal con los "buenos" y genial con quien no se lo merece. ¿Entonces para qué ser buena persona?¿para que te den por todos lados? Es una situación frustrante que lleva a las personas a preguntarse muchas cosas. Siendo bueno no se gana nada y es verídico. Por qué triunfa más un guaperas de gimnasio que es gilipollas y medio, solo sabe hablar de sus pectorales o de su coche y se porta mal con las mujeres que un chaval normal que sea inteligente y las trate como princesas.O una tía preciosa con unas medidas perfectas que solo sabe hablar de reggaeton y de programas de citas inventadas. Es un claro ejemplo de que la vida no es justa. O por qué dos personas que se enamoran no pueden estar juntas por la distancia u otros motivos y luego hay parejas que se llevan a rabiar y están todos los días juntos. Mas bien la vida no está equilibrada. A veces quisiera ser ese canalla para comprobar mi teoría pero no puedo, La vida nos ha hecho de una manera y aunque no sea justa en este momento ¿quién dice que no lo será en el futuro? Pues lo digo yo, hay gente que nace con una flor en el culo y otros empiezan con el pie izquierdo, esto es así. Así que hay que hacer lo que a uno le de la gana en cada momento de nuestra vida porque tarde o temprano algo malo ocurre y nos arrepentiremos. Vivid cada momento de felicidad como si fuera el último, cada beso como si fuera el primero, cada viaje como si os fueran a encerrar, mirad como si os fueseis a quedar ciegos, tocad, sentid, comed lo que queráis... porque la vida no es justa y lo que hoy es insignificante mañana puede no estar, puede haber un giro radical. Y no esperéis que por ser buenos os pasarán cosas buenas o por ser malos os pasarán cosas malas, que va. Nunca está de más hacer travesuras, sacad ese canalla que lleváis dentro porque la vida no es para los santos, solo disfrutan los demonios.

jueves, 2 de junio de 2016

Vencedor o vencido. El doble filo del destino

Un poco más, sólo tienes que aguantar un poco más. Tienes que ser fuerte, no tener miedo. No puedes dejar que te invadan las sombras de la inseguridad o detengan tus ganas de seguir adelante. No dejes que te manipule el miedo a que se repita el pasado. Nada es igual. Vuelves a sentirte estúpido, vuelves a tener las mismas sensaciones que en otros principios. Miedo a salir dañado, a quedar como un idiota. Miedo a que otros labios repitan las mismas palabras. Miedo a creer en fantasmas. Que el remedio sea peor que la enfermedad, que nunca preferiste la soledad. Que cada trozo de ti que tuviste que reparar y quedó muy frágil, vuelva a romperse con tan sólo un roce. Contando besos y caricias, contando los segundos para el milagro o el desastre. Una lucha de titanes en tu interior, mariposas contra viejos demonios. Porque te pillaron con la guardia baja, sin saber dónde ibas ni de dónde venías. Una chispa de esperanza, de alegría. Una sonrisa tonta que te brota todos los días, aun sabiendo que se puede borrar de la noche a la mañana. Esa pequeña ilusión que permanece encerrada en el miedo, la cuál está deseando salir y luchar por lo que quiere venciendo cualquier obstáculo. Eso que siempre quisiste y viene a romper tu tranquilidad, a removerte el mundo, a hacerte feliz aunque sea cuestión de segundos. Ese juego que te gusta a la vez que te asusta. Esa llama que no quieres que se apague aunque sepas que viene un diluvio. Querer protegerla de huracanes y tsunamis. Eso que te mantiene vivo pero que te mata por dentro. Como el oasis en pleno desierto, con el miedo de que sea un espejismo. Así es, vives con la sensación de que tus sentimientos se contradicen y tu cordura y tu corazón están en peligro constante. Subidas y bajadas, bajadas y subidas. Sabes que te quedarías siempre en ese momento, pero ese momento puede irse para siempre. ¿Y qué puedes hacer? Pues nada, seguir viviendo y esperar a que la vida te dé lo que un día te quitó, aunque sea por unos segundos al contemplar una sonrisa fugaz, o quién sabe, puede que eterna.