Una mirada cómplice, una sonrisilla de felicidad, ese calor que invade nuestra cara, esos nervios que invaden nuestro interior que algunos llaman "mariposas en el estómago"... Esas sensaciones que empiezan a evidenciar algo que algunos temen. En estos tiempos el amor asusta más que la muerte. Yo no quería entenderlo, no quería comprender a la gente a la que le nombrabas el amor y palidecía como si hubiese visto un monstruo terrorífico. Esa sensación al enamorarse es algo inexplicable, mezcla de química y sentimiento que hace único ese momento más o menos duradero. Pero la gente le ha cogido miedo por lo que viene después. Corazones rotos, lágrimas, tristeza, vacío, angustia, soledad... Ahora entiendo todo eso a lo que tiene tanto miedo la gente, pero me niego a que ese miedo me venza. Mucha gente se niega a saber nada del amor porque ha salido dañada en otras ocasiones y es entendible pero nadie dijo que fuera fácil. No hay que rendirse por haber tropezado con mil piedras. El premio está al final del camino, y si te caes y no avanzas nunca tendrás esa recompensa. Hay que luchar por lo que uno quiere. Si nos rendimos a las primeras de cambio no conseguimos nada. No tenemos que asustarnos por sentir otra vez, por ver en unos ojos lo que en otros acabó mal. La esperanza es algo que no se puede perder, siempre habrá otros labios más sinceros, otras caricias más dulces, otros "te quiero" de verdad que serán para toda la vida. Mandar todo a la mierda y negarse a oir hablar de sentimientos y amor es algo necio. Yo no seré cobarde, abriré mi corazón y me enfrentaré a ese miedo en forma de alma hecha trizas cuando llegue el momento, pero sin bajar la guardia. Esperaré firme y valiente el momento de enfrentarme al pánico amoroso y sin dudarlo ni un segundo, aunque no sepa si es el definitivo, me adentraré en esa aventura. Puede que salga herido y magullado pero puede que encuentre el tesoro que completará mi vida para siempre. Aunque tenga que enfrentarme a mil desafíos no me daré por vencido y estoy seguro de que encontraré a la persona que me hará feliz. Puedes llamarlo un corazón kamikaze o simplemente idiota pero sé que lo conseguiré y nada de lo que me hizo daño me lo impedirá, sólo me dará fuerzas para seguir intentándolo. No vale rendirse.