lunes, 27 de febrero de 2012

Una de dos

Hace poco me contaron una historia digna de mención. En un pueblo situado entre campos de cultivo y alejado de las grandes urbes nació y murió un amor curioso, intenso, pero muy corto. Una chica que empezaba el instituto por aquel entonces y que llevaba toda su vida viviendo allí comenzó sus vacaciones de verano como siempre desconociendo lo que la iba a suceder. A finales de la estación calurosa un amigo suyo hizo una fiesta a la que invito a mucho gente, incluida ella, en una piscina enorme con música y muy bien ambientada. Entre los invitados había un chico al que no conocía y no había visto en sus 13 o 14 años en el pueblo. Indagó un poco y fue a ver a su amigo. Resultó ser un chico que veraneaba con su familia allí pero el resto del año vivía en una ciudad a unas horas de ahí. Entre juegos se conocieron. A ella le llamó mucho la atención, sería porque era nuevo. Él era algo mayor e iba a su rollo sin percibir absolutamente nada de lo que pasaba a su alrededor. El verano terminó y cada uno volvió a su hogar. Unos meses después el chaval estaba en casa de su mejor amigo en la que se quedó a dormir y de repente le llegó un sms al móvil. Resultó ser una admiradora secreta del pueblo en el que pasaba sus veranos. El chico sorprendido empezó a investigar a través de amigos suyos del pueblo y finalmente supo quién era. El verano siguiente empezaron a salir y vivieron una historia de amor entre adolescentes que se quedó en amor de verano. Dos veranos después volvieron a intentarlo pero no funcionó, la distancia no ayudaba y no podía pasar a ser algo más. Después de tres años en los que no volvieron a dirigirse la palabra después del fracaso de su relación nuestra dulce chica de ojos marrones, escasa estatura y complexión delgada decide quedar con su amor fallido para ver qué tal le va. Algo volvió a renacer esa tarde y semanas después volvieron a las andadas. Una relación espontánea en la que se revivieron momentos preciosos, pero no todo acaba bien. La última noche de la estancia del chaval en el pueblo la envió un sms, que sin respuesta, fue la última muestra de amor que dio. Sin saber por qué, la chica no acudió a su llamada después de tanto y tantas palabras y besos intercambiados. Cuantos momentos perdidos. Sin razones, aquella pueblerina dio de lado al chico por el que suspiró una vez, sin saber por qué, el fuego se apagó. Nuestro amigo no volvió a dirigirla la palabra aunque todavía la recuerde. Aquella espera ahogada en alcohol no fue de su agrado y quedó grabada en su corazón. El amor se convirtió en odio. La moraleja de esta historia es que uno no se puede fiar de sus sentimientos porque le traicionan. Hay que asegurarse bien de a quién le regalas tu corazón.

domingo, 5 de febrero de 2012

De la paranoia trascendental a la garantía pluscuamperfecta

Dejo un fragmento de la Meditación tercera de la obra Meditaciones metafísicas de René Descartes en el que hace una introspección en la que recapacita sobre la existencia de las cosas. Yo invito a que vayais más allá y le imitéis, pudiendo así recapacitar y rectificar determinados pensamientos equivocados que tenemos todos de nosotros mismos. Soliloquio y sospecha:

Cerraré ahora los ojos, taponaré mis oídos, bloquearé todos mis sentidos, borraré incluso de mi pensamiento todas las imágenes de cosas corporales o, al menos, ya que eso es casi imposible, las consideraré como vanas y falsas; y así, conversando sólo conmigo mismo, y considerando mi interior, intentaré hacerme, poco a poco, más conocido y familiar a mí mismo. Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, que afirma, que niega, que conoce algunas cosas, que ignora muchas otras, que ama, que odia, que quiere, que no quiere, que imagina, también, y que siente. Pues, tal como he señalado anteriormente, aunque las cosas que siento y que imagino quizá no sean absolutamente nada fuera de mí y en sí mismas, estoy seguro, no obstante, de que esas formas de pensar, a las que llamo sentimientos e imaginaciones, sólo en cuanto son formas de pensar, residen y se encuentran ciertamente en mí.

jueves, 2 de febrero de 2012

Tiempo muerto

Hay momentos en la vida en los que las cosas no van como uno quiere. Cuando en un momento determinado te paras a mirar desde fuera tu situación y ves que algo no marcha como esperabas. Ves que tu gente cada vez está menos contigo o que haces cosas mal y la cagas por doquier. En ese momento de introspección tienes que tomar una decisión, tirar la toalla o intentar descubrir qué es lo que realmente pasa para estar decayendo de esa manera. Como en un partido de baloncesto debes pedir tiempo muerto, sacar a tus jugadores de la cancha y reordenar el esquema, darles ánimos e inyectarles una dosis de adrenalina que les haga luchar como nadie para conseguir la victoria, o, si no, a quedar en buen lugar y sentirse bien consigo tras desempeñar un buen papel en la cancha aunque les viniese grande el partido. Pues lo mismo debes hacer con la situación que te desespera. Tómate un respiro y párate a pensar en lo que crees que falla e intenta buscar soluciones. No hay que desistir ni venirse abajo por ir perdiendo, siempre se puede remontar si recompones tus sentimientos y emociones. Y si el partido te viene grande da lo mejor de ti porque nada es imposible. Hay miles de tácticas, lo importante es saber cuál elegir. Además tener una buena afición que te apoye es muy importante porque en los malos momentos de tu equipo siempre podrás pedir ese tiempo muerto a veces tan necesario en el que  van a estar siempre animándote. Esos son tus amigos que te seguirán a donde vayas y te animarán te enfrentes a quien te enfrentes: a una enfermedad, un bache sentimental, una pelea familiar o malos resultados. No merece la pena tirar la toalla, lucha por lo que quieres que es la victoria, reordena tu esquema de juego y sal al parquet a jugar el partido de tu vida.