La luz del sol entraba por las rendijas de la persiana y bañaba la habitación de Ditchter. Poco a poco abría los ojos y comenzaba a hacerse a la idea de dónde estaba. Se quedó mirando fijamente al techo pensativo. Iba a pasar un verano inolvidable junto a sus amigos o al menos esa era la idea. Hoy era el primer día. Se levantó y se dio cuenta de que había una foto de tamaño carnet tirada en el suelo. De pronto se acordó de que se quedó dormido mirándola, se le debió de caer entonces. La cogió y se quedó mirándola durante unos segundos. Una mujer de tez pálida y pelo rubio como el oro, con unos ojos color miel que hipnotizaban y una sonrisa digna de anuncio de dentífrico aparecía en esa pequeña imagen. Secándose los ojos vidriosos Ditchter guardó la foto de aquella misteriosa joven en su cartera y dispuso a prepararse. Había quedado con Doven en su casa y ya faltaba poco. Mientras sacaba unas cervezas del congelador sonó el timbre. Ditchter lo puso todo en la mesa y corrió a abrir. La sorpresa fue mayúscula. Su primo Dapper entró por la puerta:
-¡Primo por fin vuelves!-dijo Dapper corriendo a abrazarle.
-¡Dap! ¡Primo!-dijo Ditchter emocionado-. ¿No estabas en América?
-Sí pero ya terminé el proyecto y he vuelto a casa-respondió con una sonrisa de oreja a oreja-. Con la familia.
Después de unos minutos hablando se despidieron y quedaron para más adelante. El día empezaba con una buena noticia: la vuelta de su primo. Ditchter y su primo eran uña y carne antes de dividir sus caminos. A los cinco minutos sonó otra vez el timbre. Esta vez si que era Doven:
-¿Dónde están esas cervecitas buenas que nos vamos a tomar?-dijo entrando al salón de la casa.
-Pues aquí las tiene el señor panzón-respondió Ditchter bromeando.
-Bueno Ditch, te voy a hacer una propuesta-dijo Doven.
-Miedo me das Doven-respondió Dichter.
-Pues dentro de una semana es la macrofiesta del ron en el pueblo de al lado, ¿qué te parece si vamos?-dijo Doven deseando un sí como respuesta.
-No se Doven, por un lado necesito un fiestón de ese calibre pero por otro lado…-dijo Ditchter enmudeciendo un momento.
-¡No lo consentiré Ditch!-exclamó Doven.
-¿Qué estás pensando?-preguntó Ditchter.
-Que sigues esperándola y te estás jodiendo la vida. ¡Necesitas salir de fiesta, olvidarte de ella, dejar a un lado eso que no sucederá jamás!
-¡No digas eso Doven! Sabes que puede pasar en cualquier momento-respondió Ditchter con la voz quebrada.
-Sabes que es muy difícil tío, no seas así, hazlo por nosotros. Ninguno te queremos ver así de triste. Nunca tienes que perder la esperanza pero tampoco el tiempo. Ya has esperado mucho tiempo, ahora te toca disfrutar-dijo Doven.
-Puede que tengas razón pero no estoy seguro de que pueda salir de fiesta así como así…-respondió Ditchter.
-Vamos a salir todos juntos y nos lo vamos a pasar de puta madre ¿vale? Te vas a olvidar de todo esto aunque sea una noche porque te lo mereces-dijo Doven.
-Bueno está bien, iré por vosotros pero que conste que no es lo que más me apetece ahora-respondió Ditchter.
-¡Sí! ¡Así me gusta, ese es mi chico!-exclamó Doven saltando de alegría.
Ditchter sabía que tenía que cambiar porque estaba dejando de vivir su vida. Hacía algún tiempo que dejó de salir. Sus ganas de vivir sólo se centraban en una persona y ella no estaba con él. Cada día que pasaba se preguntaba por qué le pasó lo que le pasó y le daba más vueltas a todo. El destino le arrancó de un plumazo todo lo que él quería y todavía no lo había superado del todo. Pero ahí estaban sus amigos de toda la vida, apoyándole e intentando sacarlo de su obcecación.
-Oye Doven termina de contarme lo de Satis-cambió Ditchter radicalmente de tema.
-Pues a ver, como ya te dije ayer casi todo pasaré a los detalles-dijo Doven mostrándose muy sereno-. Yo no veía nada especial en Satis hasta que de tanto estar juntos me empezó a llamarme la atención.
-Pero Doven tío, es Satis, no entiendo como…-dijo Ditchter.
-Lo sé Ditch, es muy raro y entiendo tu sorpresa pero Satis no es como antes-respondió Doven.
Satis era la típica chavala de pueblo más basta que un bocadillo de piedras. Voceaba más que los pastores y tenía una actitud un tanto masculina. Físicamente también era algo ruda aunque no llegaba a ser fea. Ditchter en parte siempre los vio como una buena pareja ya que su amigo era ciertamente parecido a ella pero nunca se lo hubiese imaginado.
-Y ahora ¿qué pasa con todo eso?-preguntó Ditchter.
-Pues yo ya paso de Satis aunque Viti todavía sigue enamorado de ella-respondió Doven.
-Vaya lio os habéis montado los tres, en fin…-dijo Ditchter pegando un trago a su cerveza.
Con un brindis por los viejos tiempos sellaron su vuelta. La fiesta volvía y tras ella muchas más cosas…
