Dicen que el tiempo pasa y no perdona a nadie. Los días, las semanas, los meses, los años... vuelan en el calendario y no se detienen, aunque muchas veces uno quiera parar el frenesí que le rodea. Esos instantes en los que uno se detiene y piensa. Piensa en cómo demonios ha llegado donde está, en cuánta gente ha conocido y cuantos ha dejado atrás en el camino. Un camino que recorre con la inercia de la vida, el empuje del dónde y el cuando, la compañía de todos a ratos y de nadie a cada segundo.
En el demoledor paso de este tiempo, juez y verdugo de todos, llega la rutina creando un mundo paralelo. Nos inyectamos rutina en vena y pasamos las semanas drogados en ese mundo, tan real como dañino. Poco a poco esta droga en forma de bucle atrapa y se va perdiendo la verdadera identidad del individuo. El tiempo va moldeando a cada uno según la rutina que elija o le toque vivir. A los segundos no les queda otra que convivir con ello, pero a los que elijan les invito a romper ese bucle frecuentemente. También a conservar lo que de verdad les importe y no dejen que caiga en ese ciclo repetitivo. Esos amigos que, por culpa del tiempo, del lugar y de los devenires de la vida de cada uno se han distanciado. Mandad un mensaje o haced una llamada a ese amigo, familiar, compañero de trabajo o, por qué no, algún amor platónico y volved a unir lazos. El arrepentimiento no forma parte del plan. El tiempo no tiene frenos, si nosotros nos paramos él sigue.
También dicen que con el paso del tiempo el círculo social de uno se reduce mucho, pero al fin y al cabo la vida son momentos que los puedes vivir con personas increíbles o verdaderos idiotas. La sabiduría del tiempo no tiene límites. Si son las personas correctas disfrutas, si son las equivocadas aprendes. No por esto vamos a dejar de romper la rutina para conocer gente o retomar relaciones estancadas por motivos ajenos. Hay que ser valiente, manejar el tiempo con buen timón y no dejar que lo dirijan los vientos de la monotonía mientras podamos, porque inevitablemente llegarán las arrugas, las canas, el bastón... No basta con vivir en el tiempo, hay que vivir cada momento.