Ditchter estaba plantado en medio de su cocina con un vaso de agua en la mano y con la mirada perdida. Tenía el pelo alborotado, unas ojeras enormes y la cara pálida. Se sentó en un taburete, estaba moribundo. Él no era el único en mal estado esa mañana. Gadael se encontraba en el baño de su casa vomitando todo lo que había bebido la noche anterior, tenía incluso peor cara que Ditchter. Se había bebido él solo una botella de ron en una hora y media y acabó fatal. Le tuvieron que llevar a su casa antes de tiempo. Se arrepentía un poco más cada vez que tenía que visitar el baño. Además se había perdido los importantes sucesos de esa noche y eso no se lo perdonaba. Doven tenía comida familiar. Parecía un difunto en la mesa que compartía con tíos, primos, padres y abuelos. Era un espectáculo verlo repeliendo los las continuas acometidas:
-Doven cariño toma un poco de pollo-le decía su abuela.
-No gracias-contestaba él.
-Hijo come un poco de chorizo-le decía su madre.
-No gracias mamá, no me apetece-respondía él.
-¿Qué tal anoche sobrino?-le decía su tío.
-Bien, solo salí un ratillo-respondía Doven mintiendo como el que más.
-Ya claro-dijeron sus padres a la vez entre risas.
-Toma un poco de agua-le dijeron sus primos dándole un vaso con algo que parecía agua.
Doven le dio un trago y acto seguido escupió en el suelo. Todos sus primos se habían echado a reír. Salió corriendo al baño de la casa de su tía y repitió la escena que se veía en el baño de Gadael. La broma de la ginebra no falla. Mientras, Zurka seguía durmiendo y Satis en vez de ayudar a su padre en el trabajo más bien le estorbaba porque no se podía mover de la resaca que llevaba. La única que estaba en perfectas condiciones era Nice que no bebió. Vitesse estaba desaparecido.
A última hora de la tarde Ditchter llamó a Doven:
-Oye Doven ¿puedes quedar? Necesito hablar-le preguntó.
-Claro que sí hermano, ¿a qué hora y dónde?-respondió Doven.
-A las ocho en el parque-respondió Ditchter.
-Ok, perfecto allí estaré.
A las ocho se encontraron los dos en el parque y se sentaron en un banco mientras los niños correteaban y los ancianos jugaban a la petanca. Hacía una tarde espectacular y ya estaba llegando el ocaso, la luz del atardecer lo bañaba todo.
-Ayer la cagué ¿verdad?-preguntó Ditchter.
-No, ayer te lo pasaste de puta madre-le respondió Doven.
-Acabé en la cama con una chica Doven, estoy traicionando a mis sentimientos-dijo Ditchter.
-No te tienes que preocuparte, ha sido una noche de locuras, te hacía falta soltarte un poco-dijo Doven.
-No lo volveré a hacer, joder que mal me siento ahora, no vuelvo a beber una sola gota más de alcohol-dijo Ditchter.
-Eso siempre se dice-respondió Doven riéndose.
-Ya, lo cierto es que fue una noche épica, deberíamos de repetirla-dijo Ditchter.
-Gadael se perdió mucha noche, deberíamos de contarle todo-dijo Doven.
-¿Que te pegaste con aquél tío que molestaba a Nice por ejemplo?-preguntó Ditchter.
-O que tú por fin te olvidas de Adara-respondió Doven.
-Y una mierda, tú sabes bien que no es así-contestó Ditchter cabreado.
-Yo solo sé que es un paso muy grande y que cualquier cosa puede pasar-respondió Doven intentando calmarle.
-Oye ¿Y qué se sabe de Viti?-dijo Ditchter cambiando drásticamente de tema.
-Pues me ha llamado hace una hora diciéndome que se fue rayado a dar una vuelta y que se quedó dormido en un banco de la plaza-respondió Doven a carcajada limpia.
-Vaya personaje, no tenemos que dejarle solo, mira las que lía-dijo Ditchter.
-Si pues Zurka se fue con un chaval de la discoteca, ya nos contara que hizo con él-dijo Doven guiñándole un ojo a Ditchter.
-Nada bueno seguro-respondió Ditchter entre risas.
-Oye tío me voy que tengo un hambre increíble-dijo Doven.
-Ok, pues mañana nos vemos entonces-dijo Ditchter.
Se despidieron y cada uno se fue por su lado. Ya había caído la noche. Mientras volvía a casa, Ditchter pensó en lo que Doven le había dicho. Quizá tenía razón, quizá volvía a empezar. Lo cierto es que le había gustado mucho la chica de esa noche pero seguía queriendo a Adara. Lo cierto es que ya había quedado con ella para otro día pero no quería decírselo a nadie, quizá porque era reacio a olvidar al amor de su vida aunque estará en un estado anormal. El dilema solo acababa de comenzar…
Un camarero los guió por un largo pasillo que desembocaba en una enorme sala iluminada por la luz de varios candelabros distribuidos por todo el recinto. Tenían una mesa preparada. Se sentaron todos y pidieron la comida. Mientras llegaba les sirvieron una copa de vino rosado con lo que empezaron a desinhibirse pronto. La cena transcurría de manera amena y todos se desenvolvían con facilidad en la gran cantidad de temas que salieron. Todo transcurría con normalidad hasta que recordaron una anécdota en la que la protagonista fue la única persona que faltaba entre ellos.
-¿Os acordáis cuando Ditchter tiró a Adara al rio con la ropa puesta?-dijo Gadael entre risas.
Un silencio sepulcral invadió la sala. Todos se quedaron callados al escuchar ese nombre. En especial Ditchter. Todo se remonta cinco años atrás. Adara era otra de las chicas del grupo y también la novia de Ditchter. Ellos eran amigos desde que tenían seis años y eran inseparables, hasta tal punto que a los diecisiete años de Ditchter y los quince de ella empezaron una relación que iba más allá de la amistad. Era la pareja más feliz del mundo. Salían con sus amigos siempre y cuando podían se reservaban días enteros dedicados a ellos en los que despedían romanticismo por todos lados. Vivían en un ambiente ideal, pero a los tres años algo terrible sucedió. Adara iba de viaje con sus padres camino a Francia cuando un conductor borracho se cruzó en la carretera y les sacó de la vía. Los padres salieron ilesos pero su hermano pequeño de diez años murió en el acto y ella quedó en estado grave. Desde entonces ella estaba en coma y nadie quería hablar del tema. Hacía un año de aquello y todavía no lo habían superado. Ditchter se hundió en una depresión insostenible. Cuando parecía que lo había superado empezó la tortura de nuevo. Ditchter se levantó y salió fuera.
-Joder Gadael la has cagado bien-dijo Zurka.
-Yo pensaba que…-dijo Gadael.
-¡Joder un poco más de cabeza tío!-le reprochó Doven mientras se levantaba y seguía a Ditchter para hablar con él.
-La verdad es que todos estamos un poco igual…-dijo Satis.
-Pues sí, yo todavía recuerdo esas tardes de chicas con ella-dijo Nice con lágrimas en los ojos.
Mientras, Doven siguió a Ditchter por todo el restaurante hasta que salieron a la calle. Ditchter se sentó en la acera y posó su espalda sobre la fachada. Las lágrimas inundaban sus ojos verdes y recorrían su cara dejando un rostro desconsolado. Doven se acercó, se agachó a su lado y le ofreció un cigarro. Luego se sacó otro para él y se sentó a su lado. Se los encendieron y hubo un silencio de unos diez segundos. Doven miró a su amigo destrozado por dentro y poniéndole una mano en el hombro le dijo:
-Amigo, la vida da muchas vueltas, no puedes estar jodido siempre por lo mismo.
-Lo sé Doven pero es que ella significa mucho para mí-respondió Ditchter.
-Ya ¿pero has pensado que puede que nunca despierte?-preguntó Doven.
-Por supuesto, todos los días de mi vida desde el accidente-respondió Ditchter.
-Entonces ¿qué piensas hacer al respecto?-preguntó Doven.
-Pienso esperarla hasta el fin de mis días, con ella lo tenía todo y ahora no tengo nada, solo fe y esperanza de recuperar todo eso que ese borracho se llevó por delante. Quiero esperar a que vuelva mi todo, algo me dice que tengo que hacerlo, es la mujer de mi vida y si me tengo que morir a los pies de su cama esperando a que se despierte lo haré-respondió Ditchter.
-Hermano, tú vales mucho y no me gusta verte sufrir, pero si esa es tu elección yo te apoyaré. Te llevaré todos los días al hospital si hace falta. Si te hace feliz estar a su lado aunque esté en ese estado haces lo correcto. Si tú eres feliz yo soy feliz-dijo Doven dándole un abrazo a su amigo.
-Gracias Doven, eres muy grande-le dijo Ditchter cogiéndole de la nuca.
-Gracias, tú también tío. Ahora vamos a terminar esa cena y a disfrutar de la noche-dijo Doven mientras entraban otra vez al restaurante.
Volvieron a retomar la cena y siguieron conversando toda la velada. Se preparaban para una buena noche, ajenos a lo que pasaría unos días más tarde…
La semana previa a la deseada fiesta, todo transcurría con normalidad. Los chicos cada uno con sus pequeñas rayadas pasaban el día entre partidillos de fútbol, cervezas en el bar y tardes de póker y videojuegos. Las chicas los acompañaban en lo que podían y cuando no, se iban a dar largos paseos por las afueras del pueblo y se contaban sus experiencias. En uno de esos paseos Zurka le dio una sorpresa a las otras:
-Chicas ¿os acordáis de aquel novio que os conté que tenía?
-Sí–respondieron las dos a la vez.
-Pues lo dejamos hace un mes…-confesó Zurka.
-¿Pero si llevabais mucho tiempo juntos no?-preguntó Nice.
-Sí pero ya no iba bien. Por eso he vuelto este verano al pueblo con vosotros, necesitaba volver a mis raíces y pasármelo bien con mis amigos para olvidarme-dijo Zurka.
-Pues no te preocupes que aquí estamos nosotras y los chicos para ayudarte a sacar una sonrisa-dijo Satis.
-¿Y tú Nice qué tal de hombres?-preguntó Zurka.
-Pues no me quejo, nada serio y viviendo la vida-respondió con una risa floja.
-Oye Gadael está muy guapo ahora, podríais intentar alguna algo con él-sugirió Satis empezando a reír.
-Satis hija cállate que estás más guapa-dijo Zurka.
-Si si, pero yo he visto a Nice mirarlo con ojitos-dijo Satis.
-¿¡Yo!? Pero que dices Satis, estás loca…-respondió Nice sobresaltada a la vez que sonrojada.
-¡Ay mamá! ¡Que aquí hay amor!-gritó Zurka.
-¡Que no os inventéis cosas! Gadael es solo un amigo…-respondió Nice.
-Bueno ya veremos… -dijo Zurka.
Zurka siempre estaba malmetiendo y era la típica amiga que saca relaciones de donde no las hay. Era la chica más alegre del grupo y siempre estaba de fiesta. Sus borracheras eran conocidas en toda la comarca y sus múltiples novios repartidos por todas esas tierras. Llegado el momento maduró y dejó ese exceso de fiesta a un lado. Salió a estudiar fuera y conoció a un chico muy especial en su clase. Estuvieron saliendo un tiempo y todos creían que aún seguían juntos pero no era así. El novio que parecía un santo se dedicaba a ponerla los cuernos cuando salía de fiesta con sus amigos y Zurka terminó enterándose y acabó la relación. Volviendo a ser soltera de nuevo Zurka tenía más peligro que nunca. La bestia contenida saldría a flote tarde o temprano… En ese mismo momento sonó el móvil de Nice:
-Uy, un sms de Gadael…-dijo mientras Satis y Zurka empezaron a reír-. “Hemos quedado todos para cenar a las 22:00 díselo a las chicas”.
-¿Y por qué te lo manda a ti?-preguntó Satis.
-Adivina…-dijo Zurka.
Nice estuvo pensativa durante todo el camino de vuelta. Cuando llegaron al restaurante los chicos ya estaban allí. Empezaba la cena… y con ella los líos.