Te quiero. Te quiero de día. Te quiero de noche. Te quiero alegre. Te quiero aunque estés enfadada. Te quiero allí. Te quiero aquí. Te quiero cerca. Te quiero aunque estés lejos. Te quiero ahora. Te querré siempre. Te quiero como a la vida. Te quiero en mis sueños. Te quiero en mi vida. Te quiero recién levantada. Te quiero de fiesta. Te quiero en la oscuridad. Te quiero en público. Te quiero en privado. Te quiero riendo. Te quiero llorando. Te quiero pese a los problemas. Te quiero en lo bueno. Te quiero en lo malo. Te quiero bajo las sábanas. Te quiero bajo la lluvia. Te quiero gritando. Te quiero susurrando. Te quiero en mi pecho. Te quiero en mis labios. Te quiero abrazándome. Te quiero mirándote. Te quiero mirándome. Te quiero en un atardecer. Te quiero en un amanecer. Te quiero cogiendo mi mano. Te quiero acurrucada. Te quiero bailando. Te quiero apasionada. Te quiero tímida. Te quiero en todos los aspectos de la vida. Me da igual cómo, cuándo y dónde; solo el por qué. ¿El por qué? Porque me haces falta, no puedo vivir sin ti, eres el oxígeno de mis pulmones. Me haces feliz que es lo esencial en esta vida. Te quiero muchísimo. Te quiero siempre a mi lado. Lo repetiré las veces que haga falta porque te quiero. Mi amor no cabe en estas palabras pero es un intento por que se quede grabado en la memoria. Así que no lo olvides nunca, que te quiero.
jueves, 23 de mayo de 2013
jueves, 9 de mayo de 2013
Kilómetros de corazón
Escuché decir una vez que la distancia es el olvido. Mi inexperiencia lo asimiló e hice caso de aquellas palabras que más tarde comprendí que eran sabias pero no del todo ciertas. Digo no del todo ciertas porque, años más tarde, me he dado cuenta de que toda regla tiene su excepción y esta no iba a ser menos.
Yo siempre he sido enemigo de las despedidas y fue en una despedida cuando me di cuenta. Esa persona estaba equivocada. Yo me alejaba de la persona que más quería y la pena inundaba mi corazón y mis lágrimas anegaban mis ojos. Con la vista borrosa miraba hacia el horizonte mientras me alejaba sin remedio, pensando en los momentos inolvidables. El camino de vuelta parecía la Milla Verde, un camino sin regreso hacia la muerte. Cada minuto se clavaba en mi pecho como una daga. Es la peor sensación que he sentido nunca. Algo me faltaba, acababa de dejar atrás una parte de mí, ya no me sentía completo. Recordando aquellas palabras tuve miedo de que la distancia hiciera que todo lo vivido, todos esos sentimientos y emociones quedaran apartados en el olvido. Sólo era cuestión de días comprobarlo. Los días pasaban y las horas seguían clavándose como espadas. Su recuerdo permanecía intacto en mi mente y mi corazón seguía extrañándola. Todo me recordaba a ella. Solía quedarme mirando su foto antes de dormirme mientras recordaba esos momentos que convertían lo nuestro en algo especial. Soñaba con ella de noche y recordaba el sueño el resto del día. Volví a pensar en aquellas palabras sabias y dudé de si realmente eran sabias o no.
Pasados los meses la misma escena se repetía una y otra vez y no dejaba de sentir lo mismo. De hecho lo sentía incluso de una forma más intensa que antes. Después de esto he llegado a una conclusión. La distancia no es nada cuando dos almas están predestinadas la una a la otra y dos corazones están predestinados a quererse. Kilómetros, metros, centímetros… no son nada. Bueno si, doscientos kilómetros los que nos separan, tres metros sobre el cielo los que me eleva y a pocos centímetros lo que quiero estar de sus labios. Mientras exista amor verdadero de por medio la distancia no será un impedimento sino una motivación para la próxima vez que vuelvan a estar juntas dos personas. Los sentimientos no se olvidan, el amor espera. Por lo tanto la distancia es olvido cuando no existe amor verdadero. Por muchos kilómetros que nos separen siempre se lleva a esa persona en el corazón. La vida siempre dará otra oportunidad para que no tengan que vivir separados. Por muy lejos que se encuentre una persona si la queréis de verdad siempre estará en vuestro corazón.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)