Escuché decir una vez que la distancia es el olvido. Mi inexperiencia lo asimiló e hice caso de aquellas palabras que más tarde comprendí que eran sabias pero no del todo ciertas. Digo no del todo ciertas porque, años más tarde, me he dado cuenta de que toda regla tiene su excepción y esta no iba a ser menos.
Yo siempre he sido enemigo de las despedidas y fue en una despedida cuando me di cuenta. Esa persona estaba equivocada. Yo me alejaba de la persona que más quería y la pena inundaba mi corazón y mis lágrimas anegaban mis ojos. Con la vista borrosa miraba hacia el horizonte mientras me alejaba sin remedio, pensando en los momentos inolvidables. El camino de vuelta parecía la Milla Verde, un camino sin regreso hacia la muerte. Cada minuto se clavaba en mi pecho como una daga. Es la peor sensación que he sentido nunca. Algo me faltaba, acababa de dejar atrás una parte de mí, ya no me sentía completo. Recordando aquellas palabras tuve miedo de que la distancia hiciera que todo lo vivido, todos esos sentimientos y emociones quedaran apartados en el olvido. Sólo era cuestión de días comprobarlo. Los días pasaban y las horas seguían clavándose como espadas. Su recuerdo permanecía intacto en mi mente y mi corazón seguía extrañándola. Todo me recordaba a ella. Solía quedarme mirando su foto antes de dormirme mientras recordaba esos momentos que convertían lo nuestro en algo especial. Soñaba con ella de noche y recordaba el sueño el resto del día. Volví a pensar en aquellas palabras sabias y dudé de si realmente eran sabias o no.
Pasados los meses la misma escena se repetía una y otra vez y no dejaba de sentir lo mismo. De hecho lo sentía incluso de una forma más intensa que antes. Después de esto he llegado a una conclusión. La distancia no es nada cuando dos almas están predestinadas la una a la otra y dos corazones están predestinados a quererse. Kilómetros, metros, centímetros… no son nada. Bueno si, doscientos kilómetros los que nos separan, tres metros sobre el cielo los que me eleva y a pocos centímetros lo que quiero estar de sus labios. Mientras exista amor verdadero de por medio la distancia no será un impedimento sino una motivación para la próxima vez que vuelvan a estar juntas dos personas. Los sentimientos no se olvidan, el amor espera. Por lo tanto la distancia es olvido cuando no existe amor verdadero. Por muchos kilómetros que nos separen siempre se lleva a esa persona en el corazón. La vida siempre dará otra oportunidad para que no tengan que vivir separados. Por muy lejos que se encuentre una persona si la queréis de verdad siempre estará en vuestro corazón.
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