La sombra de una figura corpulenta se proyectaba en la pared
de aquel cuarto en penumbra. El rostro del individuo se descubrió ante la luz tenue
de una lámpara colocada a la izquierda del único sillón que se encontraba en
la habitación. Estaba rodeado de estanterias llenas de libros. Era un hombre
joven pero con gesto serio y pensativo. Se acercó a un viejo tocadiscos y lo
puso en marcha. Mientras escuchaba una vieja canción de Frank Sinatra se sacó
una caja con tabaco y empezó a liarse un cigarrillo. Parecía atormentado. Se
encendió el cigarro y empezó a darle caladas suaves. Días atrás tuvo
problemas,no sabía como arreglarlo. Se sentía solo y falto de cariño. Era una
noche oscura en la que la Luna no iluminaba. Salió al balcón y contempló durante unos minutos la calle vacía, teñida de una luz anaranjada por las
farolas. Mientras su cigarro se consumía los minutos pasaban y sus ideas
florecían. Se sacó otro y se lo encendió. No podía seguir de esa manera. Entró
otra vez al cuarto y se acerco a un pequeño minibar que tenía en una esquina.
Saco una botella de vodka , otra de licor de café y otra de leche. Se preparó su
cocktail y vaso en en la siniestra y cigarro en la diestra volvió a la terraza.
Se sentó en la barandilla y empezó a contemplar el amanecer mientras hacía aros
de humo y disfrutaba de su Ruso blanco. Empezó a recordar todos los buenos
momentos que había pasado con sus amigos y comprendió que no merecía la pena
disputa alguna. Lo mismo pensó de aquella chica con la que siempre estaba
discutiendo. De repente como una señal del cielo cantó un gallo. Mirando al
horizonte mientras salía el Sol y con el último trago y la última calada se
dirigió al interior de la casa. Bajó las escaleras rápidamente y se dirigió a
una pequeña mesa en la entrada. Ahí estaba el teléfono y sin pensarlo le empujó
el destino y comenzó a llamar a esas personas. Pensó que era mejor no perder lo
que quería por cualquier tontería.

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