Anoche mientras paseaba bajo las estrellas algo invadió mi interior produciéndome un escalofrío. Esa situación me hizo recordar noches pasadas en las que mi felicidad y mi diversión parecían no tener límites. Un anhelo que cavitaba mis adentros. Quizá la mejor racha de fortuna que había tenido en mucho tiempo hizo mella en mí. Tantos desastres y caídas se vieron invertidos en un abrir y cerrar de ojos y sacaron lo mejor de mí. En medio de un desierto emocional encontré un oasis que provocó que viviese con intensidad. Quizá fue una estrella fugaz a la que pedí un deseo. Lo único que puedo decir es que me llevé la experiencia de ese espejismo paradisíaco vestido con todo tipo de escenas y acompañado de todo tipo de bandas sonoras, que al escuchar todavía se me remueve algo por dentro. Ese sentimiento es el que me vino caminando a la luz de unas cuantas farolas mientras escuchaba sonidos familiares, esas canciones… Seguí caminando y mirando al cielo busqué otra estrella que diera su vida por hacerme vivir de nuevo esas experiencias. Esta vez no hubo suerte, una pena…
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