El campo de batalla es desolador, nunca vi algo parecido. El silencio reina en este agujero inmundo del que no logramos salir. Los innombrables arrasan por donde pasan. Una fuerza extraña ataca la moral de mis hombres y la mía propia. No hay posibilidad de victoria. Una niebla se cierne sobre mis tropas impidiendo el ataque. Indefensos luchan contra esos malditos traidores que se aliaron con el enemigo. Cinco meses después de la primera batalla que comenzó esta guerra llega la hora de la reflexión, de utilizar más la cabeza que el valor convertido en temeridad. Poco a poco han ido ganando terreno. La desesperación es palpable en el ambiente. Aquella batalla en la que no quedó nadie nos dio esperanzas, fuerzas para seguir hacia adelante con la conquista de esta tierra embrujada. Pero escaramuzas posteriores fueron mermando nuestras filas. Extendieron el miedo entre nosotros y acabaron por destrozar nuestra moral. Tratados de paz fallaron y las batallas no cesaron. Seguimos perdiendo batallas, no entiendo por qué nos vencen tan fácilmente. Esto no nos ocurrió en ninguna otra conquista, solo en esta tierra embrujada en la que no hay victoria posible. Mi ejército, uno de los mejores, debilitado por una fuerza mística, lúgubre y mágica. Me llegó información de que en otras épocas la lograron ocupar distintos pueblos pero siempre en poco tiempo. Cabe destacar las fuerzas de un ejército que pactó con el mismísimo diablo para conquistar dicha tierra encantada, que terminó por abandonar, ya que descubrieron el secreto que esconde y huyeron tras su victoria. Mirando la puesta de sol con lágrimas en los ojos contemplo el paisaje desolador repleto de almas mutiladas, sangre derramada en vano y algunos de mis hombres esperanzados todavía luchando. Mi decisión está tomada. No lucharemos en vano, abandonaremos esta tierra maldita y volveremos a nuestros lugares de origen. Dejaremos esta lucha sin sentido, esta conquista imposible. A lo mejor en otros tiempos…en otras tierras…Pero ahora no. Cojo mi arma y doy la orden. Echo un último vistazo y empiezo a correr. Mis mejores hombres me acompañan en esta huida sin marcha atrás. Quizá cuando tengamos más hombres…No. Me cuesta abandonar porque esa no es mi actitud pero la decisión está tomada. Llegó la hora de la retirada. Doy esta guerra por acabada.

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