Y todo se repite como si fuera un ciclo. Un remolino en el que quedas atrapado y no sabes salir. Una escalofriante rutina que empieza a causar descontentos y malestares. Cuando te sientes atado o esposado a algo que necesitas, pero te hace daño de la manera en la que lo deseas, que no consigues entender, intentas liberarte o al menos aflojar ese yugo que te aprisiona. Aferrarse a cualquier esperanza puede ser la manera de liberarse de esas esposas o de apretar esas ataduras más aún. La esperanza a veces traiciona porque puede convertirse en fe ciega No hay que dejarse engañar por falsas apariencias y tener la esperanzas justas: la realidad existe y está ahí. El truco está en creer en uno mismo y obtener la libertad a partir de introspecciones. Uno tiene que estudiarse a sí mismo y ver todo el abanico de posibilidades a partir de él. Si después de eso sientes que puedes lograr lo que ansías o te propones pues adelante. Aquí entra la realidad. No todo lo que pienses es posible, tus ojos y tus intuiciones pueden engañarte. A veces las cosas no son lo que parecen y es cuando después de haber puesto tu fe ciega sobre la mesa la pierdes por una mala jugada de la realidad. Cuando esta jugada se repite una y otra vez es cuando te tienes que plantear la retirada, se acabo el juego por ahora o perderás lo que te queda de fe. El torbellino o remolino al que me refiero es éste. Cuando entras en esa mierda de rutina de la que quieres escaparte y empiezas a entender muchas cosas. Es hora de parar y pensar para luego recomenzar este juego contra la realidad.
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