Hace unos días estuve hablando por teléfono con un amigo de la infancia. Solemos hablar dos o tres veces al mes. Parece que no hablamos en años porque nos tiramos horas hablando y contándonos todo lo que nos ha pasado en el tiempo que ha transcurrido entre llamada y llamada. Será que cuando éramos más pequeños estábamos todo el día juntos y no hacía falta contarse nada porque todas las experiencias las vivíamos unidos. Otro día me encontré a otro amigo en el autobús camino del instituto y decidimos ir a desayunar. Los dos han sido mis mejores amigos desde que me traslade a vivir a Madrid por segunda vez. Hubo un período de tiempo en el que perdimos el contacto porque cada uno se fue a vivir a otro sitio (alguno no muy lejos). Últimamente quedo con ambos para pasar tiempo juntos recordando aquellos momentos inolvidables que hicieron que nos uniésemos tanto y que hacen que ahora seamos lo que somos: grandes amigos. Tras varias vueltas a la cabeza me he dado cuenta de que son esos amigos los que van a estar siempre a tu lado, esos que no se olvidan de ti, esos que tienen un sexto sentido y cuando te sientes mal en seguida están ahí para preguntarte y apoyarte, esos que desde que tienes uso de razón no te han traicionado y siempre te ayudan en lo que necesites. Siempre estarán a tu lado pase lo que pase. Te escucharán, te aconsejarán, te reñirán si hace falta y te seguirán en cualquier decisión que tomes. Por esto el simple hecho de encontrarte con uno de tus mejores amigos en el bus y desayunar con él puede ser algo genial. Por eso pasar una tarde con otro de tus mejores amigos en la que llueva a cántaros o haga un frío glacial puede resultar una de las mejores ideas que haya tenido. Añoro esos tiempos en los que estábamos todos juntos y nos lo pasábamos como lo que éramos… chavalines. Por eso cuando nos veo a estas alturas hablando por teléfono tiempo indeterminado o desayunando en una cafetería como si no hubiera pasado el tiempo me entra una alegría que nadie se imagina. Tardes de risas interminables en la calle, jugando a videojuegos, juegos de imaginación, etc. Gracias por seguir ahí y por poder seguir disfrutando con vosotros de momentos memorables. Chavales, siempre juntos, os quiero, no cambiéis.miércoles, 23 de noviembre de 2011
Infancia
Hace unos días estuve hablando por teléfono con un amigo de la infancia. Solemos hablar dos o tres veces al mes. Parece que no hablamos en años porque nos tiramos horas hablando y contándonos todo lo que nos ha pasado en el tiempo que ha transcurrido entre llamada y llamada. Será que cuando éramos más pequeños estábamos todo el día juntos y no hacía falta contarse nada porque todas las experiencias las vivíamos unidos. Otro día me encontré a otro amigo en el autobús camino del instituto y decidimos ir a desayunar. Los dos han sido mis mejores amigos desde que me traslade a vivir a Madrid por segunda vez. Hubo un período de tiempo en el que perdimos el contacto porque cada uno se fue a vivir a otro sitio (alguno no muy lejos). Últimamente quedo con ambos para pasar tiempo juntos recordando aquellos momentos inolvidables que hicieron que nos uniésemos tanto y que hacen que ahora seamos lo que somos: grandes amigos. Tras varias vueltas a la cabeza me he dado cuenta de que son esos amigos los que van a estar siempre a tu lado, esos que no se olvidan de ti, esos que tienen un sexto sentido y cuando te sientes mal en seguida están ahí para preguntarte y apoyarte, esos que desde que tienes uso de razón no te han traicionado y siempre te ayudan en lo que necesites. Siempre estarán a tu lado pase lo que pase. Te escucharán, te aconsejarán, te reñirán si hace falta y te seguirán en cualquier decisión que tomes. Por esto el simple hecho de encontrarte con uno de tus mejores amigos en el bus y desayunar con él puede ser algo genial. Por eso pasar una tarde con otro de tus mejores amigos en la que llueva a cántaros o haga un frío glacial puede resultar una de las mejores ideas que haya tenido. Añoro esos tiempos en los que estábamos todos juntos y nos lo pasábamos como lo que éramos… chavalines. Por eso cuando nos veo a estas alturas hablando por teléfono tiempo indeterminado o desayunando en una cafetería como si no hubiera pasado el tiempo me entra una alegría que nadie se imagina. Tardes de risas interminables en la calle, jugando a videojuegos, juegos de imaginación, etc. Gracias por seguir ahí y por poder seguir disfrutando con vosotros de momentos memorables. Chavales, siempre juntos, os quiero, no cambiéis.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


Estoy seguro que pocas personas pueden estar tan orgullosas y tan felices de poder haber tenido una infancia como la nuestra :)
ResponderEliminary lo más importante es que esto no es sólo pasado, sino presente, y lo más que es más importante: futuro