Llega un día en el que, mientras estás tumbado en la cama, te da un rayo de sol en la cara atravesando el cristal de la ventana de tu habitación. Ese haz de luz te despierta con una cálida sensación inundando el rostro y es cuando recuerdas el sueño que has tenido entreabriendo los ojos. Con una sonrisa tímida miras hacia la mesilla de noche y coges el reloj. Todavía es temprano pero no importa. Con ánimo te levantas y vas hacia la ventana, la abres y te asomas. Una fría mañana de invierno con un sol brillante lleva una brisa que renueva los pulmones. Sin dejar de sonreír te vistes y sales a dar un paseo con tu perro. Te sientes bien contigo mismo. Tu amor propio aumenta a cada instante. Todo va como siempre has deseado. Pareces vivir en un cuento de hadas, en una utopía. En el camino de vuelta piensas en tus planes del día, del mes, del año. Te sientes satisfecho y comienzas el camino idílico. ¿Suena bien no? Alguna vez todos nos sentiremos así pero no es eterno. En la vida hay momentos álgidos y momentos de declive pero la solución es vivir los buenos momentos al máximo. Vive el momento, vive ese presente.
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