miércoles, 30 de marzo de 2016

Cuando naufragan los sentimientos

Solos y perdidos como náufragos, con la mirada fija en el horizonte esperando un rayo de esperanza, ese barco que nos saque de ahí, de esa soledad que cada día que pasa se vuelve más amarga. Esa isla de sentimientos que nos atrapa. Cada rincón es explorado esperando encontrar algo que nunca llegará. La espera de ese barco nos consume y nos enloquece. Se buscan estrellas en pleno día. Y es que aquí el peor enemigo es el tiempo. El tiempo nos ha quitado lo que un día nos dio. Arrebata los recuerdos y desgasta. Pasa fugaz en los momentos que deberían de ser eternos y se hace eterno cuando debería de ser fugaz. Mata por dentro como un cáncer y deteriora poco a poco o nos hace fuertes ante las adversidades. Crea idiotas o sabios. Es irónico lo bueno y lo malo que puede resultar. Pero existe algo que el tiempo no puede controlar, el sentimiento más impredecible de todos: el amor. Por mucho tiempo que pase siempre vamos a recordar a todas esas personas que nos han dado su amor o que nos han robado el corazón. Todas aquellas que pasen por nuestra vida, aunque sea un paso efímero. El corazón tiene una memoria infinita. El besar de unos labios, el roce de la piel, cada mirada… Pasamos el tiempo esperando a alguien que nos haga perder la noción del mismo. Ese barco que nos lleve lejos de todo lo que nos preocupa, lejos de la vida misma. Que no tengamos que buscar estrellas en pleno día porque esa persona nos las haga ver a todas horas. Alguien que nos haga temblar de placer, no de miedo y llorar de alegría, no de pena. Por quien merezca la pena dejar todo atrás y luchar una y otra vez, sin tirar jamás la toalla. Alguien que muera por nosotros y por el que nosotros daríamos la vida. Deseamos salir de esas playas infinitas de dudas e indecisiones y esas selvas laberínticas de pensamientos en las que nos enredamos nosotros mismos por idiotas. Porque a veces nos iríamos con el primer pirata que nos ofreciese una salida aunque no tuviese ningún sentido. Ron para olvidar dirían algunos. Pero como he dicho antes, el corazón no olvida. Es por esto que aunque se haya encontrado algún pirata no se tiene por qué morir en esa isla solo y sin cordura sentimental. El barco llegará algún día. Ese alguien que vuelva a hacer latir al náufrago corazón. Y cuando se junten los labios se juntarán la noche y el día, la tierra y el mar… y  todo cambiará. Un Big Crunch y el tiempo y el espacio dejarán de existir para acabar en ese beso. Un Big Bang que volverá a crear un universo solo de los dos, sin islas ni piratas, solo estrellas que guarden todos y cada uno de los buenos momentos que nazcan entre esos corazones. Un universo en el que las luces más intensas sean las de las almas de los dos y que todo gire en torno a sus cuerpos abrazados en la eternidad. Un bucle infinito de miradas y caricias que lo ponga en movimiento. Y es que el mejor motor, es el amor.

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